Episodio 13: El fútbol en Argentina

¡Hola amigos y amigas! Bienvenidos, bienvenidas a este podcast de Aprendiendo español en el que intento hablar de manera clara y sencilla para quienes están aprendiendo el idioma en un nivel básico y hasta intermedio. En el caso del episodio de hoy que es el número 13, acercaré alguna información acerca del fútbol y cómo se practica este deporte en Argentina. Introducción Dicen que el fútbol en Argentina es una pasión nacional y puede ser, porque según una encuesta nacional sobre actividad física y deporte, juega al fútbol aproximadamente la mitad de la población. Este deporte, como actividad física sólo es superado por caminar, correr y andar en bicicleta. En la actualidad ha dejado de ser una actividad casi exclusivamente practicada por varones, ya que hay muchos equipos, clubes y grupos de aficionadas niñas, jóvenes y adultas que la practican con regularidad. Aunque claro, el fútbol profesional, en cuanto a cantidad de equipos, jugadores y montos de dinero que mueve, está completamente dominado por el género masculino. En los encuentros informales para jugar a la pelota, como también se le llama aquí al fútbol, suelen conformarse equipos mixtos de chicas y chicos. Por otra parte, además de quienes juegan efectivamente al fútbol, no debemos olvidar a los simpatizantes de los distintos clubes, es decir a las y los hinchas que en ocasiones viven sus momentos más dolorosos o los más absolutamente felices en relación con los goles de sus equipos preferidos. En mi caso, no soy hincha de ningún club, pero puedo empatizar con lo que se siente cuando se pierde un partido o cuando se lo gana. Si el equipo del que una es hincha pierde, la angustia y el dolor no se superan hasta pasados unos días, al revés, cuando el equipo gana, la alegría puede durar mucho tiempo. Incluso el recuerdo del momento puede llevar al hincha a sufrir o a alegrarse. Yo tengo 64 años, en mi casa no tuvimos televisor sino hasta más o menos mis quince años, así que antes de tener ese aparato para ver los partidos, los escuchábamos por la radio. En ese tiempo yo vivía en Córdoba, una ciudad del centro de Argentina, todos en mi familia éramos hinchas de un club que se llama Talleres. Los domingos a la tarde, en temporada de campeonato, siempre escuchábamos el relato del partido en la radio familiar. Comentábamos las jugadas entre nosotros, festejábamos los goles de nuestro equipo y nos lamentábamos por los del equipo contrario. Cuando me hice mayor dejé de escuchar partidos de fútbol y actualmente creo que sólo miro algún partido del equipo de Argentina cuando se juega el mundial. Pero me gusta mucho mirar los festejos que se producen en las calles con los triunfos del equipo nacional, en el caso del último mundial fue un festejo multitudinario. En Neuquén, la provincia en la que vivo, no hay ningún club de fútbol en la primera división que es la categoría máxima a la que puede aspirar cualquier equipo. Pero, por otro lado, hay muchas personas fanáticas de los equipos llamados “grandes” de la capital: River, Boca, entre otros. En el edificio en el que vivo, también viven unos jóvenes que son hinchas de River y festejan cuando gana su equipo y también cuando pierde Boca. Las rivalidades entre equipos son así, generan muchas emociones entre los simpatizantes. Cuando se enfrentan dos rivales, se dice que es un “clásico”, el “clásico Boca-River”, por ejemplo. Además de los grandes clubes que tienen jugadores profesionales, también hay muchos clubes pequeños y las llamadas “escuelitas de fútbol”. Hay escuelas de fútbol en las comisiones vecinales, en los polideportivos que hay en distintos barrios y en muchos otros lugares. Suele suceder que, en un barrio, un grupo de padres se dedique ad honorem (sin cobrar ningún sueldo) a entrenar a los niños y niñas que quieran practicar este deporte. Entre padres y madres pueden reunir dinero haciendo eventos y comprar las camisetas para los chicos, pagar el transporte para ir a jugar con otro equipo o cualquier otro gasto que se necesite realizar. Lo que quiero decir es que es posible encontrar niños, jóvenes y adultos practicando fútbol en distintos lugares de la ciudad. Los adultos, por ejemplo, suelen concertar encuentros entre amigos o compañeros de trabajo para jugar fútbol 5, no sé demasiado sobre el tema, pero puedo decir que la cancha es más pequeña y que son menos jugadores por equipo: 5 en lugar de 11. Para realizar esta práctica hay lugares en los que se alquila la cancha, entre todos los participantes reúnen el dinero necesario y muchas veces, después del partido comen algo y toman algo también. Lo que toman puede ser cerveza, aunque eso no sea muy deportivo, ¿no? Si bien el fútbol es el deporte más popular en Argentina, no todos los argentinos son fanáticos del mismo. En el caso de mi familia, casi nadie mira partidos o está al corriente de lo que pasa con el campeonato nacional. Mis hijos varones han jugado al fútbol en la escuela secundaria, pero no son hinchas fanáticos de ningún equipo y suelen ver sólo los partidos de la selección argentina. Tanto mis hijos varones como mis hijas mujeres han practicado o practican alguna disciplina deportiva: básquet, tenis, natación, danza, vóley… pero sólo uno de ellos juega habitualmente fútbol 5 con sus amigos. Quiero decir que no todos los argentinos viven el fútbol con la misma intensidad. ¿Pero cómo fue que comenzó este deporte en Argentina? El fútbol se radicó en Argentina a mediados del siglo XIX, de la mano de inmigrantes británicos que llegaban a establecerse en el país, principalmente por la construcción del ferrocarril. En mayo de 1867, los hermanos Thomas y James Hogg invitaron, a través de un aviso en el diario The Standard, a una reunión para intentar propulsar la práctica del fútbol. El 9 de mayo se fundó el Buenos Aires Football Club, y se organizó el primer partido, disputado el 20 de junio entre blancos y colorados. El encuentro se jugó en los bosques de Palermo, en el lugar donde hoy se encuentra el Planetario de Buenos Aires, apenas cuatro años después de que se jugara el primer partido de fútbol moderno en el mundo, según las reglas de 1863. Desde entonces y durante varias décadas el fútbol se practicó en los clubes y escuelas fundados por los inmigrantes británicos. Este primer partido se jugó desde la 12:30 hasta las 14:30, y solo contó con ocho jugadores por equipo. Pero el fútbol no era todavía una disciplina popular, ya que solía jugarse generalmente en clubes ingleses y en lugares con fuerte presencia de ciudadanos ingleses, como las empresas ferroviarias. Hasta comienzos del siglo XX, las competiciones se organizaban básicamente en derredor de las escuelas y clubes de inmigrantes británicos, la práctica era amateur y relacionada con las nociones del juego limpio y la caballerosidad deportiva. El proceso de popularización del fútbol trajo como consecuencia la creación de cientos de clubes y el ingreso masivo al deporte de los sectores populares, muchos de ellos trabajadores y descendientes de inmigrantes. En forma paralela, los deportes se fueron separando según las clases sociales: el fútbol para los sectores populares, el rugby y el tenis para los sectores medios y altos y el polo para la clase alta. Durante el siglo XX también se desarrolló todo el proceso de profesionalización del fútbol que ha llegado a ser hoy una actividad que mueve grandes cantidades de dinero entre contratos de jugadores, técnicos, recaudaciones por encuentros, publicidades, etc. Pero, a pesar de las cuestiones del dinero y del capitalismo, lo que permanece a través de los tiempos es el amor que los hinchas tienen por su club. Por eso quería compartir con ustedes un relato del autor uruguayo Eduardo Galeano, que tiene un libro que se llama “El fútbol a sol y a sombra” del que he tomado un relato que se llama “El hincha” Una vez por semana, el hincha huye de su casa y asiste al estadio. Flamean las banderas, suenan las matracas, los cohetes, los tambores, llueven las serpientes y el papel picado; la ciudad desaparece, la rutina se olvida, sólo existe el templo. En este espacio sagrado, la única religión que no tiene ateos exhibe a sus divinidades. Aunque el hincha puede contemplar el milagro, más cómodamente, en la pantalla de la tele, prefiere emprender la peregrinación hacia este lugar donde puede ver en carne y hueso a sus ángeles, batiéndose a duelo contra los demonios de turno. Aquí, el hincha agita el pañuelo, traga saliva, glup, traga veneno, se come la gorra, susurra plegarias y maldiciones y de pronto se rompe la garganta en una ovación y salta como pulga abrazando al desconocido que grita el gol a su lado. Mientras dura la misa pagana, el hincha es muchos. Con miles de devotos comparte la certeza de que somos los mejores, todos los árbitros están vendidos, todos los rivales son tramposos. Rara vez el hincha dice: «hoy juega mi club». Más bien dice: «Hoy jugamos nosotros». Bien sabe este jugador número doce que es él quien sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros once jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música. Cuando el partido concluye, el hincha, que no se ha movido de la tribuna, celebra su victoria; qué goleada le hicimos, qué paliza le dimos, o llora su derrota; otra vez nos estafaron, juez ladrón. Y entonces el sol se va y el hincha se va. Caen las sombras sobre el estadio que se vacía. En las gradas de cemento arden, aquí y allá, algunas hogueras de fuego fugaz, mientras se van apagando las luces y las voces. El estadio se queda solo y también el hincha regresa a su soledad: el hincha se aleja, se dispersa, se pierde, y el domingo es melancólico como un miércoles de cenizas después de la muerte del carnaval. Hasta aquí ha llegado este cuento de Galeano en el que hace una comparación, un paralelismo entre un rito religioso y cómo viven los hinchas el ir a la cancha a ver a su equipo preferido. Hasta aquí ha llegado mi audio de hoy, espero lo hayan disfrutado como lo he hecho yo al buscar material informativo sobre el tema. Espero también que puedan disculpar mi voz ya que estoy atravesando un resfrío que me tiene algo complicada con la voz. Pero… bueno, si les gustó, no olviden poner me gusta en la aplicación en la que estén escuchando. Si lo desean pueden comentar con sugerencias, aportes, etc. Como en cada episodio, dejo en la descripción el enlace para la transcripción y también para mi Instagram. ¡Hasta la próxima! Spotify: https://open.spotify.com/episode/2g0AOGhRQPnxRHywaYLzNM?si=1aee404b4f304507

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