Episodio 15: el trueque
¡Hola! ¡Hoy traigo un tema que se las trae! Hace unos días, hablando con amigas sobre las crisis económicas en Argentina, se me ocurrió armar un episodio acerca de la práctica del trueque en mi país. Así que, si quieren saber un poco sobre nuestras estrategias de supervivencia, les invito a escucharme.
Introducción
El trueque es un sistema de intercambio de bienes materiales y servicios en el que no interviene el dinero como mediador, sino que el canje se realiza de manera directa entre los interesados. El trueque se realiza para satisfacer diversas necesidades de las personas e implica siempre el cambio de propiedad del bien de que se trate. Esta práctica comercial suele reaparecer en momentos críticos de la economía de las naciones, en las que el dinero pierde su valor, como tras la caída de los imperios o incluso en épocas modernas de hiperinflación o devaluación rápida de la moneda.
Algunos sinónimos de trueque son: cambio, intercambio, canje, permuta. Trueque es la acción y el efecto de trocar, es decir: cambiar, intercambiar, canjear, permutar.
Al trocar algo no siempre los bienes tienen un valor claramente establecido, por lo cual este valor se establece a partir de la negociación y del poder de persuasión entre quienes realizan el trato.
Según se conoce a través de la investigación, el trueque comenzó hace 10.000 años, durante la Revolución Neolítica, cuando la humanidad abandonó su vida nómade y se asentó en distintas regiones a cultivar la tierra. Allí, con el nacimiento de la propiedad privada, es probable que naciera el trueque como el más primitivo de los sistemas de intercambio. Esta práctica permitió complementar la dieta de los seres humanos debido al intercambio de uno productos agrícolas por otros. Con el paso del tiempo y el desarrollo de las comunidades, este intercambio de bienes se hizo tan complejo que empezó a hacerse difícil establecer cuánto costaba cada cosa que se quería trocar. Por ejemplo, si alguien ofrecía manzanas, debía establecer el costo de ese bien en carne, en granos o en otro bien. Pero, ¿qué pasaría si nadie tenía lo que el dueño de las manzanas quería? Comenzaron a usarse algunos bienes muy valorados como si fueran lo que actualmente conocemos como dinero, por ejemplo, en el continente americano se usaba el cacao como moneda de intercambio, los egipcios y los romanos, por su parte, utilizaban la sal, mientras que en otras culturas se empleaban los metales preciosos como el otro y la plata. Luego vendría el dinero, pero eso ya es otra historia.
Una de las ventajas del trueque es que permite el intercambio entre los productores primarios y deja de lado a los intermediarios que, en ocasiones, aumentan de manera considerable el precio de los bienes.
En la actualidad el trueque existe sólo como método alternativo o de emergencia, ante situaciones de catástrofe económica, especialmente en las que hay poco dinero circulante o situaciones de hiperinflación en las que el dinero pierde rápidamente su valor. Esto último fue lo que sucedió en Argentina en la crisis del año 2001 durante la cual la elevada inflación hizo que el escaso dinero al que los sectores populares podían acceder, no valiera prácticamente nada.
Sin embargo, existen movimientos sociales y económicos organizados en torno a la idea de utilizar el trueque para el beneficio de las comunidades pequeñas. La idea es proponerlo como un método de resistencia al capitalismo global, y como herramienta de protección de los mercados locales.
En Argentina, en diciembre de 2001 estalló una crisis económica, política, social e institucional que había comenzado meses antes y que se agravó a partir de la imposición de restricciones para acceder al dinero depositado en los bancos -conocida como “corralito”- y del estado de sitio decretado por el entonces presidente Fernando de la Rúa, el 19 de diciembre. El estado de sitio es un régimen excepcional que implica la suspensión temporal de ciertas garantías legales y la entrega también temporal de un mayor poder y protagonismo a las fuerzas armadas. En la vida cotidiana y de acuerdo a lo que viví durante esa crisis, implicaba la posibilidad de ser apresada sin más al estar participando de una manifestación pública. Durante varios días hubo muchas manifestaciones de este tipo: la gente se agolpaba frente a los bancos reclamando por sus ahorros, y muchas personas, sobre todo en las grandes ciudades participaron de saqueos a supermercados y locales comerciales. Esta crisis fue, en parte, consecuencia de gobiernos neoliberales que aumentaron la toma de deuda externa por parte del Estado y acentuaron la distribución desigual de la riqueza en la sociedad: aumento del desempleo y de la pobreza, enriquecimiento de unos pocos y fuga de dinero al extranjero.
Las protestas generalizadas en todo el país durante el mes de diciembre se transformaron en un estallido los días 19 y 20, durante los cuales 39 personas fueron asesinadas por fuerzas policiales y agentes privados. La revuelta motivó la renuncia del presidente De la Rúa y durante los siguientes días ocuparon la presidencia cinco funcionarios distintos hasta la confirmación del mandato de Eduardo Duhalde, quien ejerció la primera magistratura hasta mayo de 2003.
Si bien los “Clubes del trueque” existían en Argentina con anterioridad a la crisis de 2001, fue en ese contexto que crecieron y se multiplicaron por todo el país. En principio estos clubes también llamados del “no-dinero” eran lugares donde se reunían productores a intercambiar bienes. Como eran también consumidores, se los llamaba prosumidores (una palabra inventada que intentaba indicar las dos referencias: consumir y producir).
El caso es que alrededor del año 2001, la falta de empleo y el aumento de la pobreza hicieron que muchas personas se volcaran masivamente a participar de los clubes del trueque existentes o a crear nuevos. En el año 2002 el índice de pobreza alcanzó el 66%, ¡más de la mitad de la población se encontraba bajo la línea de pobreza! En los clubes del trueque los participantes ofrecían lo que tenían, en general a cambio de artículos de primera necesidad: alimentos, productos para la higiene y de limpieza. Ya no se trataba de productores de bienes solamente sino también de personas muy pobres que ofrecían lo que tenían o podían conseguir, ropa y calzado usado, por ejemplo, a cambio de harina, leche, frutas, verduras, etc.
En esa época, yo vivía en una ciudad de la provincia de Neuquén (Patagonia Argentina) en la que también se produjeron manifestaciones llamadas “cacerolazos” en tanto que las personas marchaban en la calle golpeando alguna cacerola para hacer ruido. Hubo también algunos saqueos a comercios, pero no con la magnitud que podíamos ver por TV que se producían, por ejemplo, en Buenos Aires. En mi familia teníamos trabajo, pero el dinero circulante era muy poco y cobrábamos parte del sueldo en bonos impresos por el estado que tenían circulación legal y con los que se podía comprar en los comercios. En esta ciudad en la que vivía con mi familia, también se organizó un club del trueque que funcionaba un día por semana desde la mañana muy temprano hasta el mediodía. El número de participantes se fue incrementando con el tiempo y también con las necesidades, al comienzo la mayor parte de los intercambios que se producían eran de alimentos: frutas, verduras, aceite, leche, productos de panificación y otros alimentos elaborados. Luego quienes tenían algún oficio ofrecían también sus servicios: plomería, albañilería, costura, tejido, etc. En algún momento vi que también se ofrecía la lectura de tarot y masajes, por ejemplo. También sé que en algunos clubes del trueque se ofrecían servicios profesionales como medicina y psicología. Es que la necesidad de trabajo abarcaba también a la clase media empobrecida, personas que habían podido estudiar alguna profesión pero que no conseguían empleo.
En los clubes del trueque poco a poco se fue dando la necesidad de tener una especie de “moneda” de intercambio, esto por la dificultad de intercambiar directamente un producto por otro. Entonces crearon los “créditos” que eran unos bonos impresos que tenían un valor similar al dinero y que servían para “comprar” bienes y servicios dentro del club del trueque. En la zona donde vivo se usaban unos créditos de circulación nacional y también otros regionales llamados créditos norpatagónicos cuya circulación era más restringida. Cuando una persona se asociaba o ingresaba a un club del trueque se le proveía de 50 créditos para comenzar su actividad. He leído algunos testimonios de mujeres que con sus créditos compraban ingredientes para hacer pan, hacían el pan y luego lo vendían en el club del trueque. Otras ofrecían sus servicios de costura para arreglar prendas de ropa y con los créditos que obtenían compraban alimentos. Un empleado estatal comentaba que con su sueldo pagaba los servicios (electricidad, gas, etc.) de su casa y con lo que compraba y vendía en el trueque comía todo el mes.
Cuando la situación económica fue mejorando y las necesidades no fueron tan acuciantes, los clubes del trueque se fueron transformando. Se comenzó a utilizar dinero para comprar y vender y cualquiera podía ir a comprar en cualquier club. En la actualidad, el club del trueque de la ciudad donde yo vivía sigue llamándose “el trueque”, pero ya no funciona con esa modalidad. En la mayoría de los centros urbanos podemos encontrar ferias que son herederas de los clubes del trueque. En dichas ferias se venden entre otros bienes, frutas y verduras (algunas de producción local), productos de panificación, herramientas, artículos de bazar, juguetes, indumentaria (nueva y de segunda mano) y calzado (nuevo y de segunda mano).
Actualmente a veces voy a la feria del trueque aquí en la ciudad de Neuquén donde vivo, y veo que el “paisaje humano” ha cambiado. Por empezar, la mayoría de las frutas y verduras que se venden no son de la zona, provienen de otras regiones del país e incluso de otros países. Las personas que venden son, en gran medida, migrantes que han venido de países limítrofes, sobre todo de Bolivia. Muchas de las huertas de la zona son cultivadas por personas de origen boliviano. Me encanta caminar por la feria y escuchar distintos acentos e incluso diversos idiomas como el aymara que es una lengua originaria. Pero del trueque… sólo ha quedado el nombre…
Y hasta aquí ha llegado mi audio por hoy amigas y amigos. Sepan que en la descripción del audio van a encontrar los enlaces para la transcripción y también para mi Instagram. Si quieren, por favor, déjenme un “me gusta” o pónganme estrellas en spotify, que eso me ayuda muchísimo para la visibilidad de este podcast.
Y bueno, los espero, las espero en el próximo episodio ¡hasta pronto!
Spotify: https://open.spotify.com/episode/5yDoJgJe3AWaAnyvQZk2RR?si=8a91f10a1e95413e

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