Episodio 20: campaña al desierto
¡Hola! ¿Cómo están? ¡Espero que muy bien como es mi caso!
Antes de comenzar con el audio de hoy, les recuerdo que pueden encontrar el enlace para la transcripción gratuita en la descripción del episodio. Allí también está el enlace para mi Instagram donde pueden comunicarse conmigo y enviar comentarios. Claro que también pueden escribir comentarios en la aplicación que estén utilizando, ¡siempre serán leídos atentamente!
Hoy les contaré sobre las expediciones militares que se realizaron en la Patagonia argentina a fines del siglo XIX que se llamaron, en conjunto, “Campaña al desierto”... A un desierto que ni era de arena ni estaba deshabitado… ¿Lo pueden creer?
Introducción
La “Campaña al Desierto” fue una serie de expediciones militares realizadas entre 1878 y 1885 en el territorio de la Patagonia, con el objetivo de expandir el dominio del Estado argentino sobre estas tierras, que estaban habitadas por pueblos originarios. Esta campaña estuvo dirigida por el general Julio Argentino Roca.
La región a la que se llamaba “desierto”, estaba habitada por diversas comunidades indígenas, como los mapuches, tehuelches y otros grupos, que resistían la expansión del Estado argentino y la colonización de tierras por parte de los europeos. La Campaña al Desierto, en la práctica también sirvió para permitir el acceso a recursos naturales, como las tierras fértiles de la región patagónica.
Está campaña se desarrolló en varias fases, con grandes enfrentamientos y desplazamientos forzados de las poblaciones indígenas. Si bien la resistencia de los pueblos originarios fue feroz, las fuerzas argentinas, mejor equipadas, se impusieron y pudieron anexar gran parte de la región.
La Campaña al Desierto permitió la expansión territorial del Estado argentino pero también implicó dominio brutal y también exterminio de numerosos pueblos originarios, lo que sigue siendo un tema de debate en la historia argentina.
Los pueblos originarios, tienen una visión crítica y profundamente negativa sobre la “Campaña al Desierto” ya que consideran que fue un proceso de despojo, exterminio y desplazamiento forzado de sus comunidades. Esta postura también es compartida por numerosos no-mapuche en la actualidad. Desde la perspectiva indígena, la campaña no fue solo una "pacificación", sino un acto violento de conquista, colonización y destrucción cultural, que implicó la pérdida de sus tierras ancestrales, su autonomía y, en muchos casos, la muerte de miles de personas.
Desde la perspectiva de los pueblos originarios, la campaña al desierto causó el despojo territorial: a las comunidades indígenas les fue arrebatada la tierra que había sido ocupada por sus ancestros durante generaciones. Además, les fue quitado el acceso a recursos naturales tales como el agua, la caza, la pesca y las zonas de cultivo.
La resistencia de los pueblos originarios fue respondida con fuertes represalias por parte del ejército argentino, que, bajo el mando de Julio Argentino Roca, utilizó tácticas de exterminio, masacres y destrucción de pueblos indígenas. Además, se produjo el desplazamiento de los pueblos hacia áreas donde se les controlaba, muchas veces en condiciones inhumanas.
La campaña no fue solo una agresión física, sino también cultural. Las comunidades indígenas sufrieron una brutal imposición de la cultura, lengua y religión europeas, y muchas de sus tradiciones y cosmovisiones fueron destruidas o desplazadas.
En la actualidad, los pueblos originarios afirman que la campaña se justificó diciendo que el objetivo era "civilizar" a las comunidades indígenas, un concepto profundamente racista que veía a estás comunidades como "salvajes" o "primitivas” en comparación con los pueblos europeos, civilizados y blancos.
Por estas razones, para los pueblos originarios, la Campaña al Desierto no fue un proceso de "pacificación", sino una larga resistencia ante una invasión militar. Las comunidades actuales, especialmente en el sur de Argentina, mantienen viva la memoria de sus antepasados y luchan por el reconocimiento de sus derechos territoriales y culturales. De hecho, muchos pueblos originarios reivindican su identidad y su historia, buscando justicia por los crímenes cometidos en ese período.
Estos reclamos incluyen la recuperación de tierras, la preservación de sus lenguas y costumbres, y el acceso a recursos para el desarrollo social y económico de sus comunidades.
En Neuquén, la provincia patagónica en la que vivo, la situación de los pueblos originarios es compleja y está marcada por una serie de procesos históricos, sociales y políticos. En Neuquén, habitan principalmente comunidades mapuches, aunque también existen otras etnias y grupos.
Una de las principales luchas de los pueblos originarios en Neuquén es la recuperación y el reconocimiento de sus tierras ancestrales. Durante la “Campaña al Desierto” y en los años siguientes, los pueblos mapuches fueron despojados de grandes extensiones de tierra, y hoy siguen luchando por el reconocimiento de sus territorios tradicionales. Muchas comunidades mapuches exigen que el Estado argentino y la provincia de Neuquén reconozcan y restituyan los territorios que históricamente les pertenecieron, y que en muchos casos, han sido ocupados por grandes empresas, sobre todo por empresas que se dedican a la explotación hidrocarburífera y a la minería.
A pesar de que ha habido avances en cuanto a las leyes y a los derechos reconocidos a los pueblos originarios por la Constitución nacional, los pueblos originarios siguen enfrentando (también en Neuquén) altas tasas de pobreza, desempleo y exclusión social. El pueblo mapuche de Neuquén también enfrenta dificultades en cuanto a la preservación de su cultura, lengua y cosmovisión (es decir su modo de ver el mundo) . Los procesos de asimilación cultural desarrollados durante la época colonial y postcolonial, han llevado a que las nuevas generaciones pierdan el dominio del mapudungun (la lengua mapuche). Sin embargo, en las últimas décadas, ha habido un renacimiento cultural, con un esfuerzo por parte de las comunidades, sobre todo de las y los jóvenes, para recuperar y revitalizar sus tradiciones, enseñanzas, y su identidad como pueblos originarios.
En Neuquén, existen diversos conflictos entre las comunidades mapuches, las empresas privadas y las autoridades provinciales en torno a las actividades de extracción de gas y de petróleo. Aquí, en esta provincia, la explotación de hidrocarburos es muy importante, particularmente por la explotación de Vaca Muerta, una de las mayores reservas de gas y petróleo no convencionales del mundo. Muchos pueblos originarios de la zona denuncian la invasión de sus tierras por parte de empresas privadas sin su consentimiento, lo que no solo afecta su territorio, sino que también pone en peligro su salud y el medio ambiente.
En Neuquén, el mapudungun, la lengua ancestral del pueblo mapuche, ha tenido un resurgimiento en los últimos años, y varios proyectos han promovido su enseñanza en las escuelas, tanto en comunidades indígenas como en otras localidades de la provincia.
Desde el año 2000, en Neuquén hay escuelas bilingües interculturales (escuelas primarias) que incorporan el mapudungun como lengua de enseñanza, junto con el castellano. El propósito es brindar una educación que respete las culturas originarias y fomente el aprendizaje de ambas lenguas. En ese sentido, no se trata solamente de escuelas bilingües, sino que son escuelas interculturales.
Por mí parte, pienso que la existencia de una diversidad de culturas, el respeto y el desarrollo de las mismas, nos enriquece a todos y que no hay una cultura superior o más legítima que otras.
Donde ustedes viven, ¿conviven diversas culturas, diversas etnias? Cuéntenme por favor, comenten el episodio ¡Les leo!
¡Hasta dentro de quince días!
Spotify: https://open.spotify.com/episode/0QKeesqtQLVrDVVMRDxcRm?si=bdf137bbd26b49db
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